Bangkok. Las tensiones entre Tailandia y Camboya vuelven a escalar luego de que las autoridades tailandesas denunciaran la colocación reciente de minas terrestres en la zona fronteriza, acción que—según aseguran—constituye una violación directa del acuerdo de paz vigente entre ambos países. El incidente ocurre días después de que dos soldados tailandeses resultaran heridos por la explosión de uno de estos artefactos.
Durante una rueda de prensa conjunta, el Gobierno y el Ejército tailandés presentaron lo que describieron como pruebas de la nueva instalación de minas. El portavoz gubernamental, Siripong Angskasakulkiat, afirmó que Tailandia “seguirá avanzando” en la búsqueda de una solución al conflicto, advirtiendo que el país se reserva el derecho a “responder apropiadamente a las provocaciones” registradas en la frontera.
Angskasakulkiat señaló que, aunque la vía bilateral con Camboya seguirá siendo la primera opción, Tailandia está dispuesta a acudir a mecanismos multilaterales si Phnom Penh continúa incumpliendo lo pactado.
En el plano diplomático, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Nikorndej Balankura, informó que el primer ministro Anutin Charnvirakul enviará una carta oficial al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reafirmando la posición tailandesa sobre la suspensión de la Declaración Conjunta. El documento, resultado de conversaciones previas entre ambos líderes, abordará exclusivamente temas de seguridad fronteriza. Según Balankura, la presión internacional —especialmente la de Estados Unidos— podría contribuir a que Camboya retome el cumplimiento de sus compromisos.
El acuerdo de paz, firmado en octubre con la mediación del presidente estadounidense, buscaba poner fin a las hostilidades tras los combates de julio, que dejaron más de 40 muertos y provocaron el desplazamiento de unas 300.000 personas. El pacto contemplaba operativos conjuntos de desminado, retiro de armamento pesado y presencia de observadores internacionales coordinados por la ASEAN.
Sin embargo, las tensiones se mantienen. Los choques de julio se desencadenaron luego de que Tailandia acusara a Camboya de colocar minas a lo largo de la frontera, señalamiento que Phnom Penh ha rechazado reiteradamente. Los enfrentamientos incluyeron intercambios de disparos, bombardeos y lanzamientos de cohetes, lo que deterioró gravemente las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
Aunque Camboya anunció el retiro de armamento pesado poco después de firmarse el acuerdo, especialistas advierten que la paz seguirá siendo frágil mientras no se aborde el conflicto territorial histórico que divide a ambos países desde hace más de un siglo.
La reaparición de minas y las nuevas acusaciones reavivan el temor de que el frágil equilibrio alcanzado en octubre pueda desmoronarse, reabriendo un ciclo de violencia en una de las zonas más tensas del Sudeste Asiático.

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