La Asamblea Nacional del Ecuador inauguró este 14 de mayo el periodo legislativo 2025-2029 con una configuración política inédita desde 2013: por primera vez en más de una década, el correísmo no ostenta el control del Legislativo. La nueva mayoría, liderada por Acción Democrática Nacional (ADN), el movimiento del presidente Daniel Noboa, logró la elección de Niels Olsen como presidente del Parlamento con 80 votos a favor.
Olsen, ex ministro de Turismo de los gobiernos de Guillermo Lasso y del actual mandatario, fue respaldado por el Partido Social Cristiano (PSC) y parte de la bancada de Pachakutik, a pesar de evidentes divisiones internas en esta última. La elección marcó el inicio de una Asamblea con mayoría oficialista, aunque su estabilidad dependerá de acuerdos puntuales entre fuerzas diversas.
Desde la red social X, el presidente Noboa celebró la elección de Olsen y afirmó que “la Asamblea dejará de ser un freno para ser un motor”. En esa línea, destacó que el país tiene ahora “una oportunidad histórica” para alcanzar la gobernabilidad.
La sesión fue presidida inicialmente por Anabella Azín, madre del presidente Noboa y la asambleísta más votada del país. Durante su discurso, Azín destacó que Ecuador vive un nuevo momento de esperanza tras la victoria de su hijo en las elecciones, y llamó a un debate democrático sin confrontaciones ni odio político.
En su primera intervención como presidente de la Asamblea, Olsen ofreció un discurso enfocado en reconciliar a la institución con la ciudadanía. Afirmó que su administración priorizará el servicio al país por encima de intereses particulares y rechazó los pactos políticos a espaldas del pueblo.
El oficialismo también logró la elección de Mishel Mancheno como primera vicepresidenta, con 79 votos. Sin embargo, no consiguió designar al segundo vicepresidente tras dos votaciones fallidas que expusieron las fracturas dentro de Pachakutik y el límite de la mayoría articulada por ADN.
En medio de estas tensiones, el correísmo quedó fuera de toda instancia de poder en el Parlamento, marcando un giro relevante en la política ecuatoriana. Acusaciones de traición política surgieron tras la inclusión de Mónica Salazar, ex correísta ahora alineada con el oficialismo, como parte de la comisión verificadora de credenciales. Su nominación provocó protestas en el pleno y evidenció el malestar de la Revolución Ciudadana.
El nuevo periodo legislativo se inicia en un contexto de violencia, crisis económica e inestabilidad institucional. Aunque ADN logró consolidar una mayoría operativa, la imposibilidad de elegir a la segunda vicepresidencia refleja que la gobernabilidad legislativa dependerá de equilibrios frágiles y negociaciones continuas.

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