La crisis de seguridad en Haití va más allá de la delincuencia común y las pandillas tradicionales. Se trata de organizaciones armadas con capacidad militar, recursos económicos y presuntos vínculos con sectores políticos, lo que dificulta recuperar el control territorial y restablecer la institucionalidad del país.
Así lo planteó Elmer Arias durante una entrevista en el programa Diálogo 21, de Grupo Megavisión, donde advirtió que la situación haitiana requiere una estrategia diferente a las políticas de seguridad aplicadas en El Salvador y otros países de Centroamérica.
Arias explicó que los grupos que controlan territorios y rutas ilícitas en Haití cuentan con armamento moderno, estructuras organizativas, financiamiento y conexiones con intereses políticos.
“En Haití no son maras ni son pandillas como las que había aquí en el país o como las que hay en la región”, afirmó el analista.
“Lo que existe son ejércitos que se dedican a delinquir con el tráfico de armas, con el tráfico de drogas y que están muy involucrados con el quehacer político en Haití”, agregó.
Según Arias, estas organizaciones funcionan como ejércitos privados y algunas responden a intereses de dirigentes políticos, una situación que combina disputas territoriales, corrupción, tráfico de armas y debilitamiento de las instituciones estatales.
El analista consideró que recuperar el control del territorio haitiano no será posible mediante intervenciones limitadas o el simple despliegue de contingentes militares sin una estrategia política e internacional de mayor alcance.
Armamento moderno y capacidad de combate complican la crisis
Arias destacó las diferencias entre el escenario haitiano y la experiencia de seguridad de El Salvador. Mientras el modelo salvadoreño se concentró en combatir estructuras pandilleras, Haití enfrenta organizaciones con capacidad para sostener enfrentamientos armados y operar tanto en zonas urbanas como rurales.
“Son ejércitos bien establecidos y bien armados”, sostuvo.
También mencionó el uso de drones y armas de última generación como parte de las capacidades que, según su evaluación, poseen estos grupos.
A su juicio, la respuesta internacional debe concentrarse en recuperar el control social y territorial, sin limitar el problema a una cuestión de seguridad pública.
“Es algo complejo la situación en Haití. No es tan sencillo”, expresó.
Corrupción y tráfico de armas alimentan la violencia
Por su parte, Nelson Flores coincidió en que desarticular las organizaciones armadas no sería suficiente para estabilizar Haití si no se investigan las estructuras que han facilitado su crecimiento.
El analista señaló que las redes de corrupción dentro de las instituciones y los circuitos de suministro de armas, presuntamente vinculados a personas con poder político, forman parte de las causas estructurales de la crisis.
“El problema de Haití no se va a resolver solamente con el hecho de eliminar las bandas”, afirmó Flores.
“Hay que ir también por aquellos que corrompían; los mismos que vendían las armas son los que estaban enquistados en el poder”, añadió.
Flores planteó la necesidad de investigar quiénes han financiado, equipado y protegido a los grupos armados. También pidió examinar el destino de la ayuda internacional y el papel de organizaciones que, según afirmó, se beneficiaron de recursos destinados a enfrentar la crisis humanitaria.
En ese sentido, ambos analistas coincidieron en que una estrategia centrada exclusivamente en detenciones, patrullajes y operaciones policiales podría contener episodios de violencia, pero no necesariamente desmantelaría los intereses económicos y políticos que sostienen a estas organizaciones.
Transición política será clave para estabilizar Haití
Flores consideró que el futuro del país también depende de cómo se reorganice su estructura política una vez que disminuya el control territorial de los grupos armados.
“Hay una situación más de fondo que solamente el ataque a las bandas”, manifestó.
El analista señaló que será necesario definir quiénes dirigirán el proceso de transición, cuál será la participación de los organismos internacionales y bajo qué condiciones podrán celebrarse elecciones.
Asimismo, defendió la participación de la población haitiana en la recuperación de sus comunidades y en la reconstrucción de las instituciones públicas.
Arias, por su lado, advirtió que la falta de información oficial dificulta evaluar el alcance de los operativos y sus resultados.
Por ello, consideró importante diferenciar entre intervenciones puntuales, enfrentamientos armados, control territorial y posibles bajas tanto entre las fuerzas desplegadas como en las organizaciones criminales.
Los planteamientos de ambos analistas reflejan que la crisis haitiana representa un desafío que supera las operaciones de seguridad. Su solución, sostienen, requiere debilitar a los grupos armados, cortar sus fuentes de financiamiento y suministro de armas, investigar sus conexiones políticas y reconstruir las instituciones responsables de garantizar el control del Estado.
%205.34.22%E2%80%AFp.%C2%A0m..png)
0 Comentarios